9 Cosas importantes que aprendí de mi papá

El domingo pasado celebramos en Chile el Día del Padre así que ha llegado el momento de escribir un artículo para conmemorar a los papás. Claro, no puede ser tan cursi como el dedicado a las mamás, porque los padres simplemente no son así.

Por eso te dejo con estas 9 cosas importantes que aprendí de mi papá:

1. Tener un espíritu emprendedor.

En mi familia, el ser emprendedor corre por nuestras venas. Mi abuelo así educó a mi papá y él así nos lo transmitió a nosotros. Desde joven, mi papá ha emprendido sus propios negocios —algunos más exitosos que otros no tan duraderos— y la verdad es que siempre ha sido su propio jefe.

Con este ejemplo, no es sorpresa que mis hermanos y yo hayamos querido seguir ese camino. Después de tener algunos empleos en donde hemos aprendido (y también aportado) mucho, nos llegó la inquietud por generar algo propio y tener nuestro propio negocio. No es un camino fácil, como lo vimos con mi papá, pero sabemos que tiene sus ventajas.

2. Invertir en viajes, hacerlo una prioridad.

Una de las ventajas de trabajar para uno mismo es el poder darse el tiempo para viajar, por lo menos una vez al año. Eso siempre ha sido una prioridad para mi papá. Cada vez que cerraba alguna venta importante y le caía algo de dinero, en lugar de comprar algo innecesario nos llevaba de viaje.

Viajar nunca ha sido para él un gasto sino una inversión. Desde pequeños nos ha dicho que el mejor legado que nos puede dejar son los viajes. Esto es invaluable porque con cada viaje no sólo aprendimos acerca de otras culturas, de historia o de geografía, sino que ampliamos nuestro panorama y comprobamos que existe todo un mundo allá afuera esperando ser explorado.

3. Nada es inalcanzable.

Otra cosa que mi papá quería lograr con los viajes era que nos sintiéramos “ciudadanos del mundo”. Con esto, además de promover que siguiéramos viajando, se refería a que mantuviéramos una visión internacional. Ningún país estaba demasiado lejos y no debíamos cerrarnos a cualquier oportunidad de vivir, trabajar o hacer negocios en cualquiera de ellos.

Tampoco debíamos cerrarnos a disfrutar de ciertas experiencias por creer que estaban fuera de nuestro alcance. Muchas experiencias y lugares aparentemente “de lujo” son gratis y de libre acceso, sólo basta con atreverse a preguntar o con sentirse apto para la ocasión. Existe un mundo de posibilidades, uno puede lograr lo que se proponga. Ningún sueño está prohibido.

4. Probar siempre nuevas cosas.

Si le preguntan a mi hermana, probablemente diga que mi papá siempre nos obligaba a probar cosas asquerosas para comer. Reconozco que tal vez haya habido cosas para las que el paladar de un niño no estaba listo, pero la mayoría de las veces nos acababa gustando (una vez que superábamos el trauma, jeje) y gracias a eso crecimos comiendo de todo.

Igual que con la comida, mi papá siempre nos impulsó a probar cosas nuevas, a adaptarnos y acoplarnos a diferentes situaciones y de alguna forma a encontrar lo “cómodo en lo incómodo”. Nos enseñó a atrevernos a lo que sea y quitarnos la pena. Y si algo seguía dándote pena, lo contrarrestaba con el clásico “no seas ranchero” (con todo el respeto que merecen los rancheros tímidos del mundo).

5. Disfrutar de la naturaleza (y sus bondades).

Mi papá disfruta de la naturaleza como pocos. Le encanta hacer/regar el jardín, salir a disfrutar del campo, ir a caminar al bosque (y una cañada cerca de la casa). Conoce casi todos los árboles que existen en la región, las flores, el sonido de cada tipo de pájaro. Disfruta enormemente de la época de lluvias. Eso me enseñó a detenerme de vez en cuando a contemplarla en todo su esplendor.

Otra cosa que me enseñó, fue a comer y disfrutar de todas las variedades de fruta. Tanto, que es una de mis cosas favoritas en la vida. Por el negocio de mi abuelo, que se dedicaba a hacer ates, jaleas, mermeladas y otros productos derivados de la fruta, mi papá aprendió cómo elegirlas, cuándo están en temporada y a tener la casa siempre repleta de ellas. Y para su “hijo frutero”, esto era la gloria.

6. Preguntar todo.

Como lo he mencionado anteriormente en otros artículos (este y este), cada mañana, mientras nos llevaba a la escuela, mi papá nos decía que preguntáramos todo en la escuela y que no nos quedáramos con la duda de nada por miedo a parecer tontos.

Esto se extiende a cualquier cosa. Para ejercitar siempre nuestra curiosidad y estar en constante aprendizaje pero también para ser lo suficientemente humildes para admitir que no lo sabemos todo y que tenemos mucho que aprender de los demás.

7. Ser una máquina de ideas.

En su libro Choose Yourself, el autor James Altucher explica por qué y cómo convertirte en una máquina de ideas. Al pensar y escribir por lo menos 10 ideas al día, ejercitas tu mente y la mantienes ágil y creativa para resolver problemas, para crear algún negocio y para generar tu “idea millonaria”.

Ese libro lo leí hace un par de años pero mi papá ha hecho eso desde que tengo memoria. Si estamos comiendo en un restaurante, constantemente está pensando cómo podría mejorarlo; si está platicando con alguien sobre negocios, piensa en cosas que requieran poca inversión y que pueden llegar a ser exitosas. No digo que todas sus ideas sean válidas —claro que algunas se pueden refutar— pero el chiste es tener bien aceitada la máquina de ideas.

8. Cosas de hombres.

Este punto no requiere de mayor explicación. Un niño sólo puede aprender ciertas cosas sobre ser hombre directamente de su papá (o quien haya suplido el rol de figura paterna), ya sea que se las enseñe o que las vea e imite. Cómo tratar bien a una mujer, cuidado e higiene personal, cómo rasurarse, cómo vestirme, son sólo algunas de estas cosas.

Otras de las tantas cosas que aprendí de mi papá (que no necesariamente tienen que ver con ser hombre, para todas y todos los feministas del mundo), fueron: andar en bici, manejar bien y hacerlo responsablemente (con todo y regaños pero creo que hizo un muy buen trabajo), cambiar una llanta, manejarme con valores y honestidad, poner a la familia en primer lugar, proveer y asegurar que nunca les falte nada, etc.

9. Luchar por mis ideales.

Por último, como es costumbre, he dejado el punto más importante para el final. Mi papá siempre me ha enseñado, a través de su ejemplo, a luchar por mis ideales y defender las causas justas. Ser generoso. Practicar la caridad. Elegir una o múltiples causas y ayudar en lo que se pueda.

No hay mayor prueba para mi de que mis papás han sabido defender sus ideales que cuando mi mamá estaba embarazada de mi y surgieron algunas complicaciones que ponían en peligro la vida de ambos. El doctor les pidió decidir entre la vida de ella o la mía, pero ellos nunca se rindieron y lucharon hasta el final. Ya he mencionado la admiración que tengo por mi mamá ante tal situación pero ahora toca el turno a mi papá quien tuvo que prepararse para el peor de los escenarios y aún así nunca bajó la guardia.

Gracias por todo, papá.

 

Fuente: Musk

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